¿Debe El Cristiano Votar En Las Elecciones? Should Christians Vote In The Elections?

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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 08-21-2026

En Los Tiempos De Jesús No Existían Elecciones Públicas Como Las Conocemos Hoy.

En esa época, no existía un sistema público de votación ni elecciones democráticas para escoger a los gobernantes como ocurre actualmente en muchos países. Las regiones donde Jesús vivió estaban bajo el dominio del Imperio Romano y de gobernantes locales, como la dinastía de Herodes. Los ciudadanos comunes no acudían a las urnas para escoger a sus gobernantes.

“El Conquistador Ejercía Dominio Sobre Lo Conquistado”.

En el mundo antiguo, los territorios frecuentemente cambiaban de gobierno por medio de conquistas militares. Cuando un rey o un imperio conquistaba una región, esa tierra pasaba a estar bajo su autoridad. El conquistador podía imponer tributos, establecer gobernantes, mantener tropas y determinar quién administraría el territorio.

Un ejemplo famoso fue Alejandro Magno. Durante sus conquistas en el siglo IV a.C., Alejandro derrotó al Imperio Persa y extendió su dominio por enormes territorios. Las poblaciones conquistadas no celebraban elecciones para decidir si Alejandro sería su rey; su autoridad provenía de la conquista militar.

Después de la muerte de Alejandro, su imperio fue dividido entre sus sucesores. Siglos después, Roma conquistó y controló Judea, y para la época de Jesús era Roma quien tenía la autoridad política superior en la región.

Por eso, una manera sencilla de entender el sistema antiguo sería:

“¿Si conquistaras un territorio, pasaría a estar bajo tu dominio?”

Esto no necesariamente significaba que el conquistador se convirtiera personalmente en dueño privado de cada casa y cada terreno. Significaba principalmente que obtenía soberanía y autoridad política sobre el territorio y sus habitantes.

Los Sistemas Políticos En Los Tiempos De Jesús:

Dominio Romano: El emperador romano y los gobernadores regionales, como Poncio Pilato, ejercían la autoridad política. Sus cargos no dependían del voto popular de los habitantes de Judea. La autoridad podía obtenerse mediante sucesión, poder militar, decisiones políticas o nombramientos imperiales.

Por ejemplo, Poncio Pilato no fue elegido por los judíos mediante una votación. Fue nombrado para gobernar Judea bajo la autoridad romana.

Reinos Clientes de Roma: Roma también permitía que determinados gobernantes locales administraran territorios bajo la autoridad del Imperio. La dinastía herodiana es un ejemplo. Sus gobernantes obtenían o conservaban su autoridad mediante relaciones dinásticas y la aprobación de Roma, no mediante elecciones públicas de la población.

¿Cómo Se Tomaban Las Decisiones?

Consejos Locales: Existían organismos como el Sanedrín, un consejo judío relacionado con asuntos religiosos y determinadas cuestiones comunitarias. Sus miembros podían deliberar y tomar decisiones entre sí, pero esto no equivalía a una elección democrática en la que toda la población votara para elegir a sus gobernantes.

Echar Suertes: La Biblia también menciona la práctica de echar suertes. Un ejemplo importante aparece después de la muerte de Judas Iscariote, cuando los discípulos buscaban quién ocuparía su lugar.

Hechos 1:24–26 dice que primero oraron a Dios y después echaron suertes entre Matías y José llamado Barsabás. La suerte cayó sobre Matías.

Esto tampoco fue una elección política moderna. Era una práctica utilizada para dejar una decisión en manos de Dios después de haber presentado las opciones.

Algo Importante Para Nuestro Estudio Sobre El Voto:

Por esta razón, cuando preguntamos “¿Es bíblico votar?”, debemos comenzar por reconocer que Jesús y los apóstoles vivieron bajo un sistema político muy diferente al nuestro.

Jesús nunca ordenó: “Voten por sus gobernantes”, pero tampoco podemos concluir de su silencio que votar sea antibíblico. La población bajo el dominio romano sencillamente no tenía el sistema democrático moderno mediante el cual los ciudadanos eligen a sus principales gobernantes.

Lo que sí encontramos son instrucciones sobre cómo debía comportarse el creyente frente al gobierno:

Marcos 12:17 — Jesús enseñó a dar “a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.

Romanos 13:1–7 — Pablo enseñó acerca del respeto a las autoridades y el cumplimiento de las obligaciones correspondientes.

1 Timoteo 2:1–2 — Los cristianos debían orar por los reyes y por todos los que estaban en autoridad.

Así que podríamos decir:

La Biblia no ordena directamente al cristiano votar, porque sus escritores vivieron en sociedades donde la población común no elegía a sus gobernantes mediante elecciones democráticas como las conocemos hoy. Sin embargo, la Biblia sí establece principios acerca de nuestra responsabilidad ante las autoridades, nuestra conducta en la sociedad y nuestra obediencia suprema a Dios.

El Cristiano Debe Votar Conforme A Sus Convicciones Bíblicas:

Cuando un cristiano decide votar, no debería hacerlo simplemente por tradición familiar, simpatía hacia un partido, popularidad de un candidato o por la cantidad de anuncios que aparecen en la televisión y las redes sociales. Busquen la agenda de los participantes. Antes de marcar tu boleta, ¿consideraste qué principios, valores y agenda representaba realmente el candidato por quien estabas votando?” Muchas veces cuando le preguntas a las personas “¿Sabes cuál es la agenda del candidato por quien votaste?” “Y TE DICE NO SÉ”.

Si vamos a participar en una elección, debemos procurar que nuestra decisión esté guiada por nuestra conciencia delante de Dios y por los principios de las Escrituras.

Hay CINCO posiciones que deberíamos estrictamente reconocer antes de elegir un representante:

1-La creencia cristiana.

2-La idolatría. (observen como está Cuba hoy por la idolatría y cómo Dios castigó al pueblo de Israel por este mismo pecado).

3- La homosexualidad.

4- El aborto (no hay diferencia entre los sacrificios de Baal con los niños en la antigüedad y las atrocidades que se hacen con los abortos de los inocentes).

5-La creencia actual de que un menor de edad tiene la facultad de escoger su sexo es algo ridículo y físicamente imposible por la falta de capacidad del cerebro por su edad.

Esto no significa que encontraremos un candidato perfecto. Ningún candidato ni partido político representa perfectamente todos los principios bíblicos. Por eso debemos examinar cuidadosamente sus posiciones, su carácter, sus propuestas y las consecuencias de las políticas que apoyan.

Como enseña:

 1 Tesalonicenses 5:21: “Examinadlo todo; retened lo bueno.”

Para el creyente, existen asuntos morales que merecen una consideración seria. Por ejemplo, la protección de la vida humana, incluyendo la vida del niño por nacer, debe evaluarse a la luz del valor que las Escrituras atribuyen a la vida humana (Salmo 139:13–16; Jeremías 1:5). También debemos considerar la enseñanza bíblica acerca del matrimonio, presentado desde Génesis como la unión del hombre y la mujer (Génesis 2:24; Mateo 19:4–6).

Asimismo, cuando se trata de los niños, los cristianos deberían considerar cuidadosamente las políticas relacionadas con su educación, protección y bienestar, incluidas decisiones de gran trascendencia relacionadas con el sexo y el cuerpo. Independientemente de las diferencias políticas que existen sobre estos temas, los padres tienen una responsabilidad especial en la formación y cuidado de sus hijos (Deuteronomio 6:6–7; Efesios 6:4).

En esto me refiero a la nueva concepción de que los niños saben lo que quieren:

El cerebro en desarrollo y las decisiones irreversibles en la infancia:

En los últimos años, ha surgido un fuerte debate social en torno a la capacidad de los niños para tomar decisiones de gran trascendencia, como el cambio de sexo o de identidad de género, impulsado en parte por nuevas tendencias de visibilización en redes sociales. Para analizar esto de forma objetiva, es necesario apelar a la ciencia del desarrollo humano.

Desde el punto de vista de la neurociencia, el cerebro de un niño o un adolescente no está completamente formado. La corteza prefrontal, que es la región encargada del control de los impulsos, la evaluación de riesgos a largo plazo y la toma de decisiones complejas, no termina de madurar hasta aproximadamente los 25 años. Por lo tanto, los menores de edad carecen de la capacidad biológica para dimensionar las consecuencias futuras e irreversibles de sus actos.

A esto se suma el impacto de los entornos digitales. Los niños son altamente influenciables y buscan pertenencia, lo que los hace vulnerables a modas o corrientes de opinión que ven en internet. Permitir que un menor tome decisiones médicas o de identidad definitivas basándose en una madurez que aún no posee —y bajo la presión de tendencias sociales— plantea un serio dilema sobre la protección de la infancia. La guía, la paciencia y el acompañamiento de los adultos deben prevalecer mientras el cerebro completa su desarrollo natural.

Pero estos no son los únicos asuntos que las Escrituras nos llaman a considerar. La Biblia también habla de justicia, honestidad, corrupción, pobreza, trato al extranjero, protección del vulnerable, libertad para hacer lo correcto y responsabilidad de quienes gobiernan. Por eso, votar bíblicamente requiere considerar el conjunto de principios de las Escrituras y no solamente un tema aislado.

No debemos permitir que la publicidad decida por nosotros. El candidato que aparece más veces en televisión tiene más dinero para anuncios, domina las redes sociales o hace las promesas más atractivas no necesariamente es quien mejor refleja nuestros principios.

Proverbios 14:15 dice: “El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos.”

Antes de votar, el cristiano puede preguntarse: ¿Qué defiende este candidato? ¿Qué políticas realmente ha apoyado? ¿Cómo se comparan sus posiciones con los principios de la Palabra de Dios? ¿Estoy votando por convicción bíblica o simplemente porque alguien logró persuadirme mediante propaganda política?

Finalmente, nuestra lealtad principal no debe pertenecer a ningún partido político. Primero pertenecemos a Cristo. No debemos cambiar nuestra interpretación de las Escrituras para acomodarla al candidato que preferimos; más bien, debemos examinar al candidato y sus propuestas a la luz de las Escrituras.

No votemos simplemente por quien tenga la campaña más grande, más anuncios o mayor popularidad. Si decidimos votar, hagámoslo informados, en oración y con una conciencia sometida a Dios, procurando escoger entre las opciones disponibles aquella que consideremos más compatible con los principios de Su Palabra.

“Dios Quita Reyes Y Pone Reyes”: ¿Significa Que Debemos Quedarnos Sin Hacer Nada?

Algunas personas dicen: “Yo no necesito votar, porque la Biblia dice que Dios pone reyes y quita reyes.” Es cierto que la Biblia declara claramente la soberanía de Dios:

Daniel 2:21: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes…”

También Romanos 13:1 enseña que no hay autoridad sino de parte de Dios. Sin embargo, hay que reconocer que Dios tiene la autoridad final sobre las naciones, esto no significa necesariamente que el ser humano deba permanecer con los brazos cruzados cuando tiene una responsabilidad y una oportunidad legítima de actuar para mejorar las condiciones del país.

La misma Biblia que nos enseña que Dios es soberano también está llena de personas que oraron, confiaron en Dios y actuaron.

David confiaba en que la victoria pertenecía al Señor, pero salió a enfrentarse a Goliat (1 Samuel 17:45–47). Más adelante peleó numerosas batallas para defender a Israel.

Débora, junto con Barac, no se quedó esperando pasivamente que Dios derrotara a Sísara. Dios había prometido entregar al enemigo, pero ellos tuvieron que levantarse y actuar (Jueces 4:6–9, 14).

Incluso en el caso de Saúl, cuando Jabés de Galaad fue amenazada por los amonitas, Saúl reunió al pueblo y salió a defenderlo (1 Samuel 11:1–11).

Esto nos enseña un principio importante: la soberanía de Dios y la responsabilidad humana aparecen juntas en las Escrituras. Dios puede determinar el resultado final y, al mismo tiempo, utilizar las decisiones y acciones de las personas para llevar a cabo Sus propósitos.

Por supuesto, ir a la guerra en el antiguo Israel y votar en una democracia moderna no son la misma cosa. No debemos utilizar las guerras de Israel como si fueran un mandamiento directo para votar. Pero sí podemos observar un principio: confiar en Dios nunca significó necesariamente permanecer pasivo cuando existía una responsabilidad que cumplir.

Podemos verlo también en Nehemías 4:9:

“Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.”

¡Qué equilibrio tan interesante! Oraron a Dios y pusieron guardia. Confiaron en Dios, pero también hicieron lo que estaba a su alcance.

Por eso, decir “Dios pone y quita gobernantes” es completamente bíblico. La pregunta que debemos hacernos es si esa verdad significa que debemos rechazar toda participación que legítimamente tenemos como ciudadanos. La Biblia no dice eso explícitamente.

Si vivimos en una sociedad donde tenemos la oportunidad de participar mediante el voto, podemos orar, informarnos, examinar las opciones conforme a nuestra conciencia y a los principios de las Escrituras, y después actuar. Finalmente, cualquiera que sea el resultado, reconocemos que Dios continúa siendo soberano.

Podríamos resumirlo así:

“Dios quita reyes y pone reyes, pero la soberanía de Dios nunca debe convertirse en una excusa para la indiferencia. Los hombres y mujeres de la Biblia confiaron en Dios, oraron y también actuaron cuando tuvieron una responsabilidad delante de ellos. Nosotros podemos hacer lo mismo: orar, actuar responsablemente y dejar el resultado final en las manos de Dios.”

“El peligro de la indiferencia y la ignorancia destruye a los pueblos, pero la indiferencia permite que la destrucción avance.”

La idea es que cuando una sociedad no se informa, no estudia su historia, no examina a sus gobernantes y deja de prestar atención a lo que está ocurriendo, puede perder poco a poco derechos y libertades que anteriormente daba por seguros.

La libertad no solamente puede perderse de repente; también puede erosionarse gradualmente mientras la mayoría permanece indiferente.

Martin Niemöller: “El Peligro de la Indiferencia”.

El pastor alemán Martin Niemöller, quien inicialmente tuvo una actitud favorable hacia Hitler pero posteriormente se convirtió en opositor del régimen nazi y fue encarcelado en campos de concentración, expresó después de la guerra una famosa reflexión sobre el silencio y la indiferencia ante la persecución.

Existen varias versiones de sus palabras, porque Niemöller las pronunció en diferentes ocasiones. Una de las versiones más conocidas es esta.

Primero vinieron por los comunistas,
y no dije nada porque yo no era comunista.

Después vinieron por los socialdemócratas,
y no dije nada porque yo no era socialdemócrata.

Después vinieron por los sindicalistas,
y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Después vinieron por los judíos,
y no dije nada porque yo no era judío.

Entonces vinieron por mí,
y ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

— Martin Niemöller

¿Por Qué “El Peligro De La Indiferencia”?

La enseñanza es poderosa: no debemos preocuparnos solamente cuando una injusticia nos afecta personalmente. Cuando permanecemos indiferentes porque pensamos “eso no tiene nada que ver conmigo”, puede llegar el momento en que aquello que ignoramos termine alcanzándonos también.

Esto combina muy bien con un principio bíblico:

Proverbios 24:11–12:
“Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte. Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?”

Y también:

Santiago 4:17:
“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

 “El Peligro de la Indiferencia”: el cristiano y su responsabilidad ante la sociedad: orar, informarse, discernir, defender lo correcto y actuar cuando tiene la oportunidad de hacerlo, sin olvidar que el resultado final permanece en las manos de Dios.

Dios Tiene La Última Palabra:

Al final, después de votar, actuar responsablemente y hacer lo que está a nuestro alcance, debemos recordar que Dios sigue siendo soberano. Nuestra confianza no está en un candidato, un partido político ni un gobierno, sino en el Señor. Nosotros cumplimos nuestra responsabilidad con oración, sabiduría y conforme a las Escrituras, pero dejamos el resultado en Sus manos, porque “Él quita reyes, y pone reyes” es solo Él (Daniel 2:21). Los gobiernos cambian, los líderes pasan, pero Dios permanece en Su trono y Su voluntad finalmente prevalecerá.

Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.

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