¿Quién Fue El Primer Niño Que Nació En La Biblia? Who Was The First Child Born In The Bible?

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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 03-29-2023

La Biblia comienza relatando la creación de Adán y Eva, los primeros seres humanos. Sin embargo, ellos no nacieron como niños, sino que fueron creados directamente por Dios. Adán fue formado del polvo de la tierra, y Eva fue formada posteriormente por Dios a partir de Adán (Génesis 2:7, 21-22). Por esta razón, cuando hablamos del primer niño cuyo nacimiento se menciona en la Biblia, nos referimos a Caín, el primer hijo mencionado de Adán y Eva.

Después de que Adán y Eva pecaron y fueron expulsados del huerto de Edén, Génesis registra el nacimiento de su primer hijo: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín” (Génesis 4:1). Este es el primer nacimiento humano registrado en las Escrituras. Hasta ese momento, la Biblia había hablado de la creación del hombre y de la mujer, pero ahora comienza a describir cómo la humanidad se multiplicaría por medio del nacimiento.

Fue Eva quien le dio el nombre de Caín. Al tenerlo, declaró: “Por voluntad de Jehová he adquirido varón” (Génesis 4:1). El nombre Caín está relacionado con la idea hebrea de adquirir, obtener o poseer. Las palabras de Eva expresaban su reconocimiento de que había recibido un hijo con la ayuda de Dios. Caín, por lo tanto, ocupa un lugar particular en la historia bíblica: fue el primer hijo mencionado de la primera pareja humana.

Después nació su hermano Abel. Génesis 4:2 dice: “Después dio a luz a su hermano Abel.” Con el tiempo, los dos hermanos escogieron diferentes ocupaciones. Caín se convirtió en labrador de la tierra, mientras que Abel fue pastor de ovejas. De esta manera, encontramos también en estos dos hermanos las primeras ocupaciones humanas específicamente mencionadas después de la salida del Edén.

Caín Y Abel Presentan Sus Ofrendas:

Llegó un momento en que ambos hermanos presentaron ofrendas a Dios. Caín trajo del fruto de la tierra, mientras que Abel presentó de los primogénitos de sus ovejas y de lo más gordo de ellas. La Escritura dice que Dios miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y su ofrenda (Génesis 4:3-5).

El Nuevo Testamento nos ayuda a comprender que la diferencia no consistía simplemente en que uno presentó un animal y el otro productos de la tierra. Hebreos 11:4 declara que Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente “por la fe”. Además, 1 Juan 3:12 contrasta las obras de ambos hermanos diciendo que las obras de Caín eran malas y las de Abel justas. Por lo tanto, el problema iba más allá de la ofrenda externa: Dios estaba mirando también la fe, la actitud y el corazón del que ofrecía.

Cuando Caín vio que su ofrenda no había sido recibida de la misma manera, se enojó. Dios le preguntó: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?” (Génesis 4:6). Entonces Dios le dio una seria advertencia: “el pecado está a la puerta” (Génesis 4:7). Estas palabras muestran algo importante: antes de que Caín cometiera su terrible acción, Dios le advirtió y le dio la oportunidad de dominar su enojo.

Caín Mata A Su Hermano Abel:

Lamentablemente, Caín no escuchó la advertencia divina. Invitó a Abel al campo y allí se levantó contra su hermano y lo mató (Génesis 4:8). Así, el primer niño cuyo nacimiento registra la Biblia llegó a convertirse también en el primer homicida mencionado en las Escrituras. El pecado que había entrado al mundo por la desobediencia de Adán y Eva comenzó a mostrar rápidamente sus terribles consecuencias en la siguiente generación.

Entonces Dios le preguntó a Caín: “¿Dónde está Abel, tu hermano?” Caín respondió con aquellas conocidas palabras: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9). Pero nada estaba escondido delante de Dios. Él declaró: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10). Caín podía tratar de ocultar lo sucedido, pero Dios conocía perfectamente la verdad.

Dios castigó a Caín haciendo que la tierra ya no le diera su fuerza como antes y declarando que sería errante y extranjero en la tierra (Génesis 4:11-12). Caín temió entonces que alguien pudiera matarlo. Sin embargo, Dios puso una señal sobre Caín para impedir que cualquiera que lo encontrara lo matara (Génesis 4:15). La Biblia no explica exactamente en qué consistía esta señal, por lo que no debemos afirmar más de lo que las Escrituras revelan.

Posteriormente, Caín salió de la presencia de Jehová y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén (Génesis 4:16). La Biblia continúa hablando de su descendencia y menciona que Caín edificó una ciudad y le puso el nombre de su hijo, Enoc (Génesis 4:17). Este Enoc descendiente de Caín no debe confundirse con el Enoc de la línea de Set que posteriormente “caminó Enoc con Dios” (Génesis 5:24).

Una Lección Para Nosotros:

La historia de Caín nos enseña que el pecado puede comenzar dentro del corazón mucho antes de manifestarse mediante nuestras acciones. El enojo, los celos, la envidia y el resentimiento que no son corregidos pueden conducir a consecuencias mucho más graves. Dios vio lo que estaba sucediendo dentro de Caín y le habló antes de que actuara, pero Caín decidió ignorar Su advertencia.

También aprendemos que Dios no mira solamente lo que le ofrecemos, sino el corazón con que lo hacemos. Abel se acercó por fe; Caín permitió que el rechazo de su ofrenda produjera enojo en lugar de arrepentimiento. Dios deseaba que Caín hiciera lo correcto, pero no lo obligó. Caín tuvo que escoger qué hacer con la advertencia que había recibido.

La historia del primer niño nacido que se menciona en la Biblia comenzó con la alegría de Eva al decir que había recibido un varón con la ayuda de Jehová, pero terminó convirtiéndose en una seria advertencia para todas las generaciones. Caín nos recuerda que debemos escuchar la corrección de Dios, dominar el pecado antes de que nos domine y nunca permitir que los celos o el resentimiento gobiernen nuestro corazón.

Reflexión Final:

Dios le dijo a Caín que el pecado estaba a la puerta y que debía dominarlo. Esa advertencia continúa siendo relevante para nosotros. Cuando Dios, por medio de Su Palabra, nos muestra algo que debemos corregir, debemos responder con humildad y obediencia. No debemos reaccionar como Caín, endureciendo nuestro corazón, sino permitir que la corrección de Dios nos conduzca al arrepentimiento y a hacer lo que es agradable delante de Él.

Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.

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