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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 08-23-2024
Estudio bíblico — Pregúntale a la Biblia | Peniel Ministry
Textos principales: Eclesiastés 5:4-5; Números 30:2; Mateo 5:33-37; Santiago 5:12.
Introducción:
Desde tiempos antiguos, las promesas han formado parte de la relación del ser humano con Dios y con sus semejantes. Muchas personas hacen promesas cuando atraviesan dificultades, enfermedades, problemas económicos o situaciones desesperadas. En ocasiones, prometen a Dios cambiar su conducta, abandonar algún pecado o realizar determinadas acciones si Él responde a sus peticiones.
Pero ¿qué nos enseña realmente la Biblia acerca de hacer promesas? ¿Está mal prometer? ¿Qué sucede cuando no cumplimos lo prometido?
Las Escrituras nos enseñan que Dios toma muy en serio nuestras palabras y espera que actuemos con sinceridad, responsabilidad y fidelidad.

1. Dios nos advierte que no debemos prometer a la ligera.
Uno de los pasajes más claros acerca de las promesas se encuentra en Eclesiastés.
Eclesiastés 5:4-5.
«Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas».
Este pasaje establece un principio fundamental: Dios no nos obliga a hacer promesas voluntarias, pero cuando decidimos hacerlas debemos asumir la responsabilidad de cumplirlas.
Una promesa hecha a Dios no debe convertirse en una negociación para obtener sus bendiciones. Nuestra obediencia debe nacer del amor y la gratitud, no del deseo de conseguir algo a cambio.
2. La Biblia nos enseña a cumplir nuestra palabra.
Números 30:2.
«Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca».
En el Antiguo Testamento, los votos hechos a Dios eran compromisos solemnes.
Este mandamiento demuestra que nuestras palabras tienen valor delante del Señor. No debemos decir algo solamente para agradar a otras personas o para salir de una situación difícil.
También debemos comprender que las promesas hechas a nuestros semejantes requieren honestidad. Una persona que constantemente promete y no cumple termina perdiendo la confianza de quienes la rodean.
La integridad del creyente debe reflejarse tanto en sus palabras como en sus acciones.
3. ¿Qué enseñó Jesús acerca de los juramentos?
En el Sermón del Monte, Jesús enseñó que la honestidad debe caracterizar nuestra manera de hablar.
Mateo 5:37.
«Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede».
Jesús estaba enseñando que nuestras palabras deben ser tan sinceras que no necesitamos recurrir a juramentos para convencer a los demás de que estamos diciendo la verdad.
Esta enseñanza también aparece en Santiago 5:12, donde se exhorta a los creyentes a mantener una palabra firme y verdadera.
Por tanto, el cristiano no necesita hacer promesas constantemente para demostrar su sinceridad. Su conducta debe hablar por sí misma.
4. ¿Qué sucede cuando hacemos una promesa y no la cumplimos?
La Biblia presenta el incumplimiento deliberado de los votos como un asunto serio.
Deuteronomio 23:21.
«Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti».
Sin embargo, debemos distinguir entre una promesa incumplida por irresponsabilidad y una situación en la que una persona descubre que prometió algo contrario a la voluntad de Dios.
Por ejemplo, nadie está obligado a cometer un pecado para cumplir una promesa equivocada. En tales circunstancias, lo correcto es arrepentirse, buscar el perdón de Dios y actuar conforme a las Escrituras.
Dios nunca nos exige desobedecer su Palabra para cumplir una promesa.
5. El ejemplo de Jefté: una promesa imprudente.
En Jueces 11:30-35 encontramos el relato de Jefté, quien hizo un voto a Jehová antes de enfrentarse a los amonitas.
Jefté prometió ofrecer a Dios aquello que saliera de las puertas de su casa para recibirlo si regresaba victorioso.
Cuando volvió, su única hija salió a recibirlo.
Este relato es uno de los más difíciles del Antiguo Testamento. Existen diferentes interpretaciones sobre el cumplimiento del voto: algunos consideran que implicó un sacrificio humano, mientras que otros entienden que la hija fue dedicada a una vida de servicio y virginidad permanente.
El texto no resuelve explícitamente todas estas dificultades.
Lo que sí podemos aprender es que las promesas precipitadas pueden traer consecuencias dolorosas, y que nunca debemos utilizar este relato para justificar prácticas contrarias a los mandamientos de Dios.
6. ¿Es necesario hacer promesas para recibir bendiciones?
No. La Biblia no enseña que debamos negociar con Dios para obtener su favor.
Dios conoce nuestras necesidades antes de que se las pidamos (Mateo 6:8). Podemos acercarnos a Él mediante la oración, con fe, humildad y confianza.
En lugar de decir: «Señor, si me concedes esto, te prometo aquello», podemos orar pidiendo que se haga su voluntad y comprometernos a obedecerle por amor.
Jesús mismo nos dio el ejemplo cuando oró en Getsemaní:
Lucas 22:42.
«Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».
La verdadera fe no consiste en intentar convencer a Dios mediante promesas, sino en confiar en su sabiduría y aceptar su voluntad.
7. Dios es fiel a sus promesas.
A diferencia del ser humano, que puede fallar, Dios permanece fiel a su Palabra.
Números 23:19.
«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?»
Las Escrituras nos recuerdan que Dios cumple lo que promete. Su fidelidad no depende de nuestras circunstancias ni de nuestras emociones.
Por eso, quienes deseamos vivir conforme a su Palabra debemos procurar reflejar ese mismo carácter de verdad, responsabilidad y fidelidad.
Conclusión:
La Biblia no prohíbe de manera absoluta hacer promesas, pero nos advierte que no debemos hacerlas impulsivamente ni utilizarlas como un medio para negociar con Dios.
Antes de comprometernos con algo, debemos considerar si realmente podemos cumplirlo y si está de acuerdo con la voluntad divina.
El Señor desea que seamos personas íntegras, cuya palabra tenga valor y cuya obediencia no dependa de promesas hechas en momentos de desesperación.
Reflexión final:
«Es mejor hablar con sinceridad y cumplir nuestra palabra que hacer grandes promesas que nunca llegamos a realizar. Dios no busca promesas impresionantes, sino corazones sinceros y obedientes».
Versículo para recordar — Eclesiastés 5:5.
«Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas».
«Un corazón fiel no necesita hacer grandes promesas para agradar a Dios; demuestra su amor mediante la obediencia».
Hay algo muy importante que me gustaría destacar la diferencia entre una promesa, un voto y un juramento. Aunque están relacionados, no significan exactamente lo mismo en las Escrituras. Explicar esa diferencia podría enriquecer todavía más este estudio y ayudar a los lectores a comprender mejor las enseñanzas de Jesús.
DIFERENCIA ENTRE UNA PROMESA, UN VOTO Y UN JURAMENTO SEGÚN LA BIBLIA.
1. PROMESA: Es un compromiso que una persona hace voluntariamente, ya sea con Dios o con otra persona, de realizar determinada acción. La Biblia nos enseña que debemos ser fieles a nuestra palabra y cumplir lo prometido.
Referencia bíblica: Eclesiastés 5:4-5.
2. VOTO: Es un compromiso solemne y voluntario que una persona hace específicamente delante de Dios, generalmente como expresión de gratitud, consagración o petición. Una vez realizado, debe cumplirse conforme a la voluntad de Dios.
Referencia bíblica: Números 30:2; Deuteronomio 23:21-23.
3. JURAMENTO: Es una declaración solemne mediante la cual una persona asegura que dice la verdad o se compromete a cumplir algo, invocando en ocasiones a Dios como testigo. Jesús enseñó que nuestra palabra debe ser suficientemente sincera para no necesitar juramentos.
Referencia bíblica: Mateo 5:33-37; Santiago 5:12.
Reflexión final:
La promesa compromete nuestra palabra, el voto expresa un compromiso solemne delante de Dios y el juramento afirma solemnemente nuestra declaración.
Los tres nos recuerdan una enseñanza fundamental: Dios desea que seamos personas sinceras, responsables y fieles a nuestra palabra.
«Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede». — Mateo 5:37.
“Busca Respuestas. Encuentra Esperanza. Confía en la Biblia.”
Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.
