“Abraham, El Primer Profeta Nombrado En La Biblia” “Abraham, The First Prophet Named In The Bible”

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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 03-29-2023

Génesis 20:7.

Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.

Abraham es una de las figuras más importantes de toda la Biblia. Es conocido como el padre de la fe, el hombre con quien Dios estableció un pacto y el antepasado del pueblo de Israel. Sin embargo, hay otro título que Dios mismo le dio y que a veces pasa desapercibido: profeta. En Génesis 20:7 encontramos la primera vez que la palabra “profeta” aparece explícitamente en la Biblia, y la persona a quien se aplica es Abraham.

¿Qué significa la palabra profeta?

En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea traducida como “profeta” es nabi (נָבִיא). Un profeta era una persona escogida por Dios para recibir Su revelación, comunicar Su voluntad y, en determinadas ocasiones, interceder delante de Él por otras personas. Aunque muchas veces relacionamos a los profetas con anunciar acontecimientos futuros, su función era mucho más amplia. El profeta era, principalmente, un hombre que tenía una relación especial con Dios y era usado como Su instrumento.

Abraham encaja perfectamente en esta descripción. Mucho antes de que existieran profetas como Moisés, Samuel, Elías, Isaías, Jeremías o Daniel, Dios ya hablaba directamente con Abraham. Dios lo llamó, le dio promesas, estableció un pacto con él, le reveló acontecimientos futuros y escuchó sus oraciones.

¿Cuándo llamó Dios “profeta” a Abraham?

La declaración aparece en un episodio relacionado con Abimelec, rey de Gerar. Abraham había dicho que Sara era su hermana, y Abimelec la tomó creyendo que podía hacerlo legítimamente. Sin embargo, Dios se le apareció en sueños y le advirtió que Sara era una mujer casada.

Abimelec explicó que había actuado con integridad porque Abraham había presentado a Sara como su hermana. Dios reconoció que no lo había hecho con mala intención y le ordenó devolverla a Abraham. Entonces pronunció unas palabras extraordinarias:

“Porque es profeta, y orará por ti, y vivirás.” — Génesis 20:7.

Aquí es Dios mismo quien identifica a Abraham como profeta.

Abraham como intercesor:

Este pasaje también revela una función muy importante del profeta: la intercesión. Dios le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él. Posteriormente leemos:

“Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.” — Génesis 20:17.

Abraham no solamente recibía mensajes de Dios; también oraba por otras personas. Esto ya lo habíamos visto cuando intercedió por Sodoma debido a que su sobrino Lot vivía allí. Abraham preguntó a Dios si destruiría al justo juntamente con el impío y continuó intercediendo, desde cincuenta justos hasta diez (Génesis 18:22-33).

Esto demuestra la cercanía que Abraham tenía con Dios. Dios hablaba con Abraham, y Abraham hablaba con Dios.

Dios le reveló el futuro a Abraham:

Otra característica profética en la vida de Abraham fue que Dios le reveló acontecimientos que todavía no habían sucedido. En Génesis 15, Dios le anunció que sus descendientes vivirían como extranjeros y serían afligidos durante cuatrocientos años, pero después saldrían con grandes riquezas.

“Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.” — Génesis 15:13.

Mucho tiempo después, esto se cumplió en la historia de Israel en Egipto y en su liberación. Abraham murió siglos antes del éxodo, pero Dios ya le había revelado lo que ocurriría con sus descendientes.

Abraham recibió revelaciones directamente de Dios:

Desde Génesis 12 vemos a Dios comunicándose con Abraham. Dios le ordenó abandonar su tierra y le prometió hacer de él una gran nación:

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” — Génesis 12:1.

Más adelante, Dios estableció Su pacto con Abraham y prometió que de él surgirían naciones y reyes. Incluso cambió su nombre de Abram a Abraham, declarando:

“Porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.” — Génesis 17:5.

Por lo tanto, la vida de Abraham estuvo marcada continuamente por la revelación divina.

¿Fue Abraham el primer profeta que existió?

Aquí debemos hacer una distinción importante. Abraham es el primer hombre que la Biblia llama explícitamente “profeta”, porque Génesis 20:7 constituye la primera aparición bíblica del término.

Sin embargo, esto no necesariamente significa que haya sido la primera persona en la historia que cumplió una función profética. Por ejemplo, Enoc, quien vivió muchas generaciones antes de Abraham, pronunció una profecía que posteriormente es mencionada en Judas 14-15. Por eso podemos decir con mayor precisión:

Abraham es el primer hombre al que la Biblia identifica directamente con el título de “profeta”.

Abraham, profeta y padre de la fe:

Abraham no solamente fue profeta. El Nuevo Testamento lo presenta especialmente como un ejemplo extraordinario de fe. Romanos 4:3 recuerda:

“Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.”

Hebreos 11 también destaca que Abraham obedeció el llamado de Dios aun sin saber exactamente dónde iba. Su grandeza no estaba en que fuera un hombre perfecto, la Biblia registra también sus errores y debilidades— sino en que creyó en Dios, caminó con Él y aprendió a confiar en Sus promesas.

Incluso cuando Dios le pidió ofrecer a Isaac, Abraham estuvo dispuesto a obedecer porque confiaba en que Dios era poderoso aun para levantarlo de los muertos (Hebreos 11:17-19).

Una promesa que llegaría hasta Jesucristo:

La historia de Abraham tiene una importancia mucho mayor que su propia generación. Dios le prometió:

“En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra.” — Génesis 22:18.

El Nuevo Testamento conecta esta promesa con Jesucristo. Gálatas 3:16 explica que la promesa encuentra su cumplimiento culminante en Cristo. De esta manera, Abraham ocupa un lugar fundamental en la historia bíblica de la redención.

¿Qué podemos aprender de Abraham?

La vida de Abraham nos enseña que un verdadero siervo de Dios debe aprender a escuchar Su voz, creer Su Palabra, obedecer aunque todavía no vea el cumplimiento y perseverar en la fe. Abraham esperó muchos años por Isaac, pero Dios cumplió lo que había prometido.

También aprendemos el valor de la intercesión. Abraham no pensaba solamente en sí mismo. Intercedió por otros y Dios escuchó su oración. Génesis 20 nos muestra algo hermoso: Dios podía haber sanado directamente a Abimelec sin involucrar a Abraham, pero decidió utilizar la oración de Su profeta.

Reflexión Final:

Abraham fue el primer hombre que la Biblia llama explícitamente profeta, pero su vida nos demuestra que ser profeta significaba mucho más que predecir el futuro. Abraham escuchó a Dios, recibió Su revelación, conoció Sus promesas, intercedió por otros y caminó por fe.

Su historia comenzó con un llamado: “Vete de tu tierra”, y continuó con una vida aprendiendo a confiar en Dios. Aunque Abraham cometió errores, permaneció dentro del propósito que Dios había establecido para él. De su descendencia vendría Israel y, finalmente, Jesucristo, por medio de quien la bendición prometida alcanzaría a todas las naciones.

Abraham no fue solamente el padre de una gran nación; fue amigo de Dios, hombre de fe, intercesor y el primer hombre que las Escrituras identifican directamente con el título de profeta.

Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.

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