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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 03-29-2023
Solo haría una pequeña precisión bíblica: el libro de Ester no lo llama literalmente un “concurso de belleza”, pero el proceso de reunir jóvenes vírgenes de buen parecer para que el rey escogiera una nueva reina se parece, en términos modernos, a una selección de belleza. Ester 2:2–4, 8–17 es la base principal.
La historia de Ester es una de las más hermosas y extraordinarias de las Escrituras. Una joven judía huérfana, criada por su primo Mardoqueo, pasó de vivir en el anonimato a convertirse en reina del poderoso Imperio persa. Aunque la Biblia nunca utiliza la expresión “concurso de belleza”, el proceso descrito en Ester capítulo 2 guarda cierta semejanza con lo que hoy llamaríamos una selección de belleza: muchas jóvenes fueron reunidas, preparadas y presentadas ante el rey, quien finalmente escogió a Ester.
¿Por Qué Se Buscaba Una Nueva Reina?
La historia comienza durante el reinado de Asuero, identificado comúnmente con Jerjes I de Persia. Después de que la reina Vasti fuera destituida de su posición, los servidores del rey propusieron buscar una nueva reina.
Ester 2:2–4 relata que debían buscarse para el rey “jóvenes vírgenes de buen parecer” de todas las provincias de su reino. Estas jóvenes serían llevadas a Susa, la residencia real, donde recibirían los cuidados correspondientes antes de ser presentadas ante el rey.
Por esta razón podemos hablar, de manera ilustrativa, de un antiguo “concurso de belleza”. Sin embargo, debemos recordar que no era un concurso moderno ni voluntario como los de nuestros días. Era una selección real dentro de las costumbres y estructuras del antiguo Imperio persa.
¿Quién Era Ester?
Ester era una joven judía cuyo nombre hebreo era Hadasa.
La Biblia nos dice:
Ester 2:7:
“Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer.”
Ester había perdido a su padre y a su madre, por lo que Mardoqueo la había criado como a una hija. Humanamente hablando, su comienzo no parecía conducirla hacia un palacio. Era una joven huérfana perteneciente a un pueblo que vivía fuera de su tierra.
Sin embargo, Dios tenía un propósito mucho mayor para su vida.
Ester Fue Llevada Al Palacio:
Cuando se promulgó la orden del rey, muchas jóvenes fueron reunidas en Susa, y Ester estuvo entre ellas.
Allí quedó bajo el cuidado de Hegai, encargado de las mujeres. Ester inmediatamente encontró favor delante de él.
Ester 2:9:
“Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él…”
Este detalle es importante porque la historia de Ester no presenta solamente su belleza física. Repetidamente encontramos que Ester hallaba gracia delante de quienes la conocían.
Había algo en ella que iba más allá de su apariencia.
Doce Meses De Preparación:
Antes de presentarse ante el rey, las jóvenes pasaban por un largo período de preparación.
Ester 2:12 explica que el proceso duraba doce meses: seis meses con óleo de mirra y otros seis meses con perfumes y preparaciones destinadas al cuidado de las mujeres.
Esto demuestra que la elección de la nueva reina era un proceso cuidadosamente organizado por la corte persa.
Finalmente llegaría el momento en que cada joven tendría que comparecer delante del rey.
Ester No Exigió Adornos Especiales:
Uno de los detalles más hermosos de la historia aparece en Ester 2:15.
Cuando llegó el turno de Ester, ella no pidió nada adicional excepto aquello que Hegai, el encargado de las mujeres, le recomendó.
La Escritura añade:
Ester 2:15:
“Y ganaba Ester el favor de todos los que la veían.”
Ester no necesitó intentar sobresalir mediante excesivos adornos o exigencias. Su belleza era evidente, pero también lo era la gracia que caracterizaba su comportamiento.
Aquí encontramos una hermosa enseñanza: la verdadera belleza no consiste únicamente en la apariencia exterior. El carácter, la humildad, la prudencia y la manera de tratar a los demás también hacen hermosa a una persona.
Ester Se Presenta Ante El Rey:
Finalmente llegó el momento decisivo.
Ester fue llevada delante del rey Asuero.
Entre todas las jóvenes que habían sido reunidas, ocurrió algo extraordinario:
Ester 2:17:
“Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti.”
¡Ester había sido escogida!
La joven huérfana ahora llevaba la corona de Persia.
Si utilizamos nuestro título de manera ilustrativa, podríamos decir que Ester había “ganado” aquella gran selección de belleza. Pero la historia bíblica demuestra que su llegada al trono tenía un propósito mucho más profundo que ganar una corona.
Dios Tenía Un Propósito Para Ester:
Una de las características particulares del libro de Ester es que el nombre de Dios no aparece explícitamente en el texto hebreo del libro. Sin embargo, Su providencia puede observarse a través de toda la historia.
Ester no llegó al palacio simplemente porque era hermosa.
Tiempo después, el pueblo judío enfrentaría una amenaza de exterminio debido al complot de Amán. Entonces Mardoqueo le recordó a Ester que quizá su posición como reina tenía un propósito mucho mayor.
Ester 4:14:
“¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”
La corona que Ester había recibido en el capítulo 2 se convertiría en una herramienta providencial en el capítulo 4.
Primero llegó la corona; después comprendió la misión.
La Belleza Abrió Una Puerta, Pero El Valor Cumplió La Misión:
Ester fue escogida en parte dentro de un proceso que destacaba la belleza de las jóvenes, pero la belleza física no es lo que finalmente hizo grande a Ester.
Lo que verdaderamente marcó su historia fue su valentía.
Cuando comprendió que debía presentarse ante el rey sin haber sido llamada, algo que podía costarle la vida, pronunció unas de las palabras más valientes del libro:

Ester 4:16:
“…entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.”
Aquí descubrimos a la verdadera Ester.
Ya no estamos contemplando simplemente a una hermosa joven delante de un rey. Estamos viendo a una mujer dispuesta a arriesgar su propia vida para salvar a su pueblo.
Una Lección Para Nosotros:
El mundo muchas veces mide el valor de una persona por su apariencia, posición, fama o reconocimiento. La historia de Ester nos enseña algo mucho más profundo.
Ester poseía belleza física y la Biblia no intenta ocultarla. Pero Dios permitió que aquella belleza y las circunstancias de su vida la colocaran en una posición desde la cual pudiera cumplir un propósito extraordinario.
La belleza pudo llevarla delante del rey, pero fueron su carácter, sabiduría, obediencia y valentía los que dejaron su nombre escrito para siempre en la historia bíblica.
Dios puede utilizar características, oportunidades y circunstancias que parecen ordinarias para preparar a una persona para algo que todavía no puede ver.
Tal vez Ester nunca imaginó, cuando era una joven huérfana criada por Mardoqueo, que un día llevaría una corona. Y cuando recibió aquella corona, probablemente tampoco comprendía todavía que llegaría el momento en que tendría que utilizar su posición para interceder por la supervivencia de su pueblo.
Por eso las palabras de Mardoqueo continúan siendo tan poderosas:
“¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” — Ester 4:14.
Reflexión Final:
Podemos llamar a Ester, de manera ilustrativa, “la ganadora del primer concurso de belleza registrado en las Escrituras”, siempre aclarando que la Biblia describe una selección real y no un concurso de belleza en el sentido moderno.
Pero si solamente recordamos a Ester por su belleza, habremos perdido la parte más importante de su historia.
Ester fue hermosa de apariencia, pero mucho más hermosa fue su valentía. Recibió una corona, pero estuvo dispuesta a arriesgarla. Llegó al palacio como una joven escogida por el rey, pero pasó a la historia como una mujer que estuvo dispuesta a dar su vida por su pueblo.
La gran enseñanza de Ester no es simplemente que una joven hermosa llegó a ser reina, sino que Dios puede colocar a una persona en el lugar correcto, en el momento correcto, para cumplir un propósito mucho mayor de lo que ella misma había imaginado.
Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.
