“Moisés: El Hombre Quién Vio Las Espaldas De Dios” “Moses: The Man Who Saw The Back of God”

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Maria Dorsey 📖 Gabriela Ramie 03-21-2023

Versículo clave — Éxodo 33:22–23

“Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.” — Éxodo 33:22–23.

Introducción:

Moisés fue uno de los hombres que tuvo una relación más extraordinaria con Dios en toda la Biblia. Dios lo llamó desde la zarza ardiente, lo utilizó para sacar al pueblo de Israel de Egipto, habló con él en el monte Sinaí y por medio de él entregó la Ley.

La Escritura incluso declara:

“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.” — Éxodo 33:11.

Sin embargo, en ese mismo capítulo Dios le dice:

“No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” — Éxodo 33:20.

¿Cómo podemos entender estas dos declaraciones? ¿Vio Moisés literalmente el rostro de Dios? ¿Qué significa que Dios le permitió ver “sus espaldas”?

1. Moisés Deseaba Conocer Más De Dios:

Moisés ya había experimentado cosas extraordinarias. Había visto las plagas de Egipto, la apertura del Mar Rojo, la columna de nube y de fuego, el maná y las manifestaciones de Dios en el Sinaí, sin embargo, quería algo más.

Moisés le dijo a Dios:

“Te ruego que me muestres tu gloria.” — Éxodo 33:18.

Esta petición revela algo especial acerca de Moisés. No estaba satisfecho solamente con ver las obras de Dios; deseaba conocer más profundamente al Dios que hacía aquellas obras.

2. Dios Le Dice Que Nadie Puede Ver Su Rostro Y Vivir:

Dios respondió:

“Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti…” — Éxodo 33:19.

Pero inmediatamente añadió:

“No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” — Éxodo 33:20.

La gloria plena de Dios está más allá de lo que el ser humano, en su condición mortal, puede contemplar.

Moisés recibiría una revelación extraordinaria, pero Dios mismo establecería el límite de lo que podía ver.

3. Dios Puso A Moisés En La Hendidura De Una Peña:

Entonces ocurrió una de las escenas más impresionantes del Antiguo Testamento:

Éxodo 33:21–22.

Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Dios colocó a Moisés en un lugar protegido.

La imagen es poderosa: Moisés no podía acercarse a la gloria de Dios bajo sus propias condiciones. Dios mismo tenía que protegerlo mientras su gloria pasaba.

4. Dios Cubrió A Moisés:

Dios continuó diciendo:

Éxodo 33:22.

Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Moisés no estaba siendo protegido de un enemigo. Estaba siendo protegido de la intensidad de una manifestación de la gloria divina.

Esto muestra simultáneamente dos características de Dios:

Su santidad y su misericordia.

Dios era demasiado glorioso para que Moisés contemplara directamente su rostro, pero también fue Dios quien preparó una manera para que Moisés pudiera experimentar algo de su gloria sin morir.

5. Moisés Vio Las “Espaldas” De Dios:

Después Dios declaró:

Éxodo 33:23.

“Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.”
La Biblia utiliza aquí un lenguaje que podemos comprender humanamente. No debemos apresurarnos a imaginar que Dios posee necesariamente un cuerpo físico exactamente como el nuestro.

La expresión comunica que Moisés recibió una manifestación real de Dios, pero limitada. Dios le permitió contemplar aquello que Él decidió revelar, mientras ocultaba aquello que Moisés no podía soportar.

Moisés vio algo extraordinario de la gloria divina, pero no contempló directamente la plenitud del rostro de Dios.

6. ¿Entonces Por Qué Dice Que Dios Hablaba Con Moisés “Cara A Cara”?

Éxodo 33:11 dice:

“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”

Esto no significa necesariamente que Moisés estuviera mirando físicamente el rostro descubierto de Dios, porque solamente unos versículos después Dios afirma:

“No podrás ver mi rostro.”

La expresión “cara a cara” describe la extraordinaria cercanía, relación y comunicación directa que Moisés tenía con Dios.

Deuteronomio confirma esta relación especial:

“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara.” — Deuteronomio 34:10.

Moisés disfrutó de una comunicación con Dios excepcionalmente directa e íntima, pero esto no contradice que la plenitud de la gloria divina permaneciera oculta de sus ojos.

7. Moisés Finalmente Experimentó La Gloria De Dios.

En Éxodo 34 encontramos las consecuencias de estar en la presencia de Dios.

Después de pasar cuarenta días y cuarenta noches con Jehová:

Éxodo 34:29.

 Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.

Moisés había estado tan cerca de la manifestación de Dios que su propio rostro reflejaba aquella gloria.

Él no era la fuente de aquella luz. Simplemente estaba reflejando lo que había experimentado en la presencia de Dios.

8. La Biblia Mantiene El Misterio De La Gloria De Dios.

Otros pasajes continúan enseñando que Dios, en la plenitud de su ser, está más allá de la visión humana ordinaria.

Juan escribió:

 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. — Juan 1:18.

Y Pablo habló de Dios como aquel:

1 Timoteo 6:16.

El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

Por eso, la experiencia de Moisés no debe interpretarse como si hubiera contemplado completamente a Dios tal como Él es. Dios permitió que Moisés experimentara una manifestación de su gloria de una manera que pudiera sobrevivir.

¿Sabías Que…?

Cuando Moisés pidió: “Muéstrame tu gloria”, la respuesta de Dios no consistió solamente en una manifestación visible.

En Éxodo 34:6–7, cuando Jehová pasó delante de Moisés, proclamó su propio carácter:

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Esto nos enseña algo muy importante: conocer la gloria de Dios también significa conocer quién es Dios y cuál es su carácter.

Moisés pidió ver su gloria, y Dios le reveló su bondad, misericordia, paciencia, justicia y verdad.

Una Lección Para Nosotros:

La experiencia de Moisés nos recuerda que Dios es cercano, pero también santo; podemos buscarlo, pero nunca debemos perder nuestra reverencia hacia Él.

Moisés tuvo una relación extraordinaria con Dios y, aun así, existían límites que Dios había establecido.

La verdadera intimidad con Dios no elimina la reverencia; la aumenta.

Cuanto más conocía Moisés a Dios, más comprendía la grandeza de Aquel delante de quien estaba.

Reflexión Final:

Moisés pidió: “Muéstrame tu gloria.”

Dios no rechazó su deseo, pero tampoco permitió que Moisés viera aquello que ningún hombre mortal podía soportar. Lo escondió en la hendidura de una peña, lo cubrió y permitió que contemplara solamente aquello que Dios había determinado mostrarle.

La historia de Moisés nos enseña que Dios puede revelarse al ser humano sin dejar de ser infinitamente santo y glorioso.

Moisés vio las “espaldas” de Dios, pero no su rostro. Y aun aquella manifestación limitada fue tan extraordinaria que después de estar en su presencia, el rostro de Moisés resplandecía.

La mayor grandeza de Moisés no fue simplemente haber visto una manifestación de la gloria de Dios, sino haber deseado conocer cada vez más al Dios que lo había llamado.

Glorias y alabanzas al Dios de Israel, el Eterno y soberano nuestro. ¡Maranata! “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” — Apocalipsis 22:20.

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